Al límite

¿Por qué: yo, a mí, a mi familia, a mis amigos?
¿Por qué: mi trabajo, mi salud, mi futuro, el de mis allegados?
¿Por qué, Señor, por qué?
 ¿Qué hace, Señor, que necesitemos de tantas pruebas para doblegarnos y entregarnos a ti?
 Todo ser finito, como el ser humano, tiene límites. Solo cuando los atañe, y los acepta, puede entender y entenderse.
 ¿Cuándo entiende el marinero el mar? Cuando la borrasca le muestra sus límites.
¿Cuándo entiende el excursionista la montaña? Cuando la tormenta le muestra sus límites.
¿Cuándo entiende el conductor la carretera? Cuando el accidente le muestra sus límites.
¿Cuándo entendemos el éxito? Cuando el fracaso nos muestra sus límites.
 Cuando Dios nos lleva al límite, a nuestros límites, podemos continuar luchando o rendirnos a Él. Exigir es de orgullosos, aceptar de valientes.
 Si te sientes al límite no busques respuestas, no es momento para ellas, pídele a Dios que te dé paciencia y entendimiento, cada cosa en su debido momento.
 “8 El juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con rectitud.
9 Jehová será refugio del pobre, refugio para el tiempo de angustia.
 
Salmo 9:8-9

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