CREER

libertad

 

 

 

 

 

Creer es un voto de confianza en un mundo plagado por la abstención.
Los hombres que solo creen en lo que ven acaban ciegos de esperanza.

La atracción de lo fácil hace que creer sea difícil porque para qué confiar en aquello y aquel que te da lo que necesitas y no lo que pides.

Es más fácil creer en algo que en alguien porque la mentira es más sibilina en los hombres mediante su lengua.

Si crees en los espejismo del desierto estos te pueden llevar a la muerte, mientras el agua de vida te está esperando en las dunas de tu condición.

El pragmatismo mata la ilusión y priva la mente de una de sus principales cualidades, la de estar abiertos a lo desconocido.

La ciencia nos enseña a creer en aquello que podemos demostrar, la fe a mostrar aquello en lo que creemos.

La ciencia nos invita a ser observadores neutros, la fe a ser actores comprometidos con Jesús.

Hoy en día creer es de tontos, pues quien confía en algo que no se está comprobado. Porque para el hombre comprobar es decidir, él, lo que es y lo que no, cuando no sabe ni tan solo quién es.

Hoy en día creer es de tontos, pues quien confía en alguien que no existe porque es esencia. Dios envió a su hijo Jesús para que creyéramos en él y ¿qué hicimos? lo matamos.

El mundo está plagado de gente que se cree más lista desconfiando que entregándose a Dios, nada nuevo bajo el sol, tan solo más sombras en las montañas del olvido.

Jesús le dijo: —Si puedes creer, al que cree todo le es posible. (Marcos 9:23)

El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que se niega a creer en el Hijo no verá la vida, sino que la ira de Dios está sobre él. (Juan 3:36)

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