El Mendigo

– Maestro, ¿hay que dar limosna a todo mendigo?
– ¿Hay que dar agua al sediento?
– Pero Maestro ¿cómo sabemos si es por necesidad o es por pereza?
– Dando con el corazón a aquel que pide con la mano.
– Eso parece más fácil decir que hacer
– Si dejas que tu razón te gobierne siempre será más difícil actuar correctamente mas si obras por fe, tu corazón te guiará en justicia y obrarás en bien.
– ¿Entonces debemos arriesgarnos a dar al desvergonzado que pide sin necesidad?
– Obrar bien nunca es mala siembra aunque sea en tierras áridas de malicia, porque es dar oportunidad a que nazca una flor de esperanza en el desierto.
– Entonces Usted siempre da una moneda al mendigo.
– No siempre el que pide está falto de dinero, puede necesitar cariño, escucha, presencia, ayuda, hay muchas formas de dar y no todos los que necesitan piden, mas de nosotros depende ver más allá de las apariencias.
– Yo creo que no todo el que pide este necesitado, Maestro
– No dar es juzgar al mendigo indigno de recibir nuestra ofrenda y ¿Quién somos nosotros para juzgar?. Deja a Dios lo que el hombre es incapaz de arbitrar, no sea que te mida, Él, con la misma vara. No te olvides nunca joven que lo que damos no nos pertenece, solo somos malos administradores de lo que Dios nos confió para buenas obras.
– Entiendo, Maestro, somos muy egoístas, y yo el primero por no darme cuenta de tales cosas.
– Si todo el mundo diera un poco de sí, no habría necesidad, y ¿quién no puede dar un poco de sí? La pobreza no es un mal incurable es solo consecuencia de nuestra inconsecuencia. Cada vez que giramos la mirada para no ver la necesidad ajena nos estamos negando la mirada compasiva de nuestro Padre celestial. Él es amor y nosotros, todos, somos mendigos.
 “1Guardaos de hacer vuestra justicia delante de los hombres, para ser vistos de ellos; de otra manera no tendréis recompensa de vuestro Padre que está en los cielos. 2 Cuando, pues, des limosna, no hagas tocar trompeta delante de ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y en las calles, para ser alabados por los hombres; de cierto os digo que ya tienen su recompensa. 3 Mas cuando tú des limosna, no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha, 4 para que sea tu limosna en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”
Mateo 6:1-4

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