Equilibrio

Se dice que el equilibrio hace que nos mantengamos sin caernos. Es una pena porque se aprende más levantándose de nuevo que no cayendo. Cuando la suma de todos los factores es cero se dice que estamos en equilibrio, dicho de otra forma el equilibrio anula a quién lo practica. Para ser ecuánime no hace falta hacer equilibrio basta con no hacer juicios. Ponderar con amor es hacer que el equilibrio se decante hacia Dios. Tan solo un suspiro puede romper el equilibrio de nuestra vida. De nosotros depende que sea de amor o de aversión, de corazón vivo o marchitado. De tanto intentar no caernos acabamos tropezando en un granito de arena, es la diferencia entre miedo y temor. Quien quiere caer bien a todo el mundo acaba cayéndose mal a sí mismo, eso si se da cuenta de su necedad porque los equilibrios perfectos no compensan nuestra falta de discernimiento, la alimentan. El equilibrio conlleva su contrapeso y nosotros el peso en contra. La indiferencia te lleva al equilibrio de tus sentimientos cuando el compromiso hace que la balanza se decante por un propósito en tu vida, solo falta acertar en su elección. ¿Cuál es el tuyo? El mío es agradar a Dios y no acepta medias tintas.
 “1Todo tiene su tiempo, y todo lo que se quiere debajo del cielo tiene su hora. 2 Tiempo de nacer, y tiempo de morir; tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo plantado; 3 tiempo de matar, y tiempo de curar; tiempo de destruir, y tiempo de edificar; 4 tiempo de llorar, y tiempo de reír; tiempo de endechar, y tiempo de bailar; 5 tiempo de esparcir piedras, y tiempo de juntar piedras; tiempo de abrazar, y tiempo de abstenerse de abrazar; 6 tiempo de buscar, y tiempo de perder; tiempo de guardar, y tiempo de desechar; 7 tiempo de romper, y tiempo de coser; tiempo de callar, y tiempo de hablar; 8 tiempo de amar, y tiempo de aborrecer; tiempo de guerra, y tiempo de paz.”
Eclesiastés 3:1-8

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