La Cruz

No hay camino de cruz mas sí una cruz al final de cada uno de nuestros caminos y no es la que se erige en nuestra tumba, sino la que nos marca el camino a seguir. En nuestra vida tenemos dos líneas constantes:

1) La del mundo, que marca el horizonte de nuestra vida, sin poder ver más allá, testigo de todos nuestros hechos y caldo de cultivo de nuestros tropiezos. Esbozo perfecto de un ser imperfecto.

2) La de Dios, que parte de este mundo al que entregó su hijo y que fluye hacia el cielo, testigo del sacrificio de Jesús para redención de nuestros pecados. Símbolo perfecto de lo infinito. Ambas líneas cruzan sus caminos para formar una cruz, esta será lastre o salvavidas de nuestra alma porque su presencia reclama su rédito y solo se puede pagar con amor y fe.

No hay cruz sin sacrificio ni sacrificio sin su cruz porque es principio y fin de nuestra vida, hacia la eternidad o hacia la muerte.El que confunde la cruz con una joya ostenta su estupidez porque está menospreciando aquello que quiso salvarlo y que obvió.Solo brilla la cruz de nuestro Señor, marca indeleble de su pureza impoluta, las nuestras, las acarreamos manchadas de orgullo y vanidad.La cruz simboliza el encuentro de Dios con sus hijos.

 “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de
mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”
Lucas 9:23

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