NECESIDAD INNECESARIA

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La necesidad es una carencia a menudo vindicada por quien no la padece y sufrida por quién no es consciente de ella.
La necesidad innecesaria es aquella que estamos esperando como nuestro merecido cuando deberíamos estar agradeciendo lo que ya hemos recibido

Las ayudas no se merecen se necesitan, por ello aquel que las clama como su debido nunca recibirá ayuda más sí el tributo a su vanidad.

Somos privilegiados por ser conscientes de la presencia de Dios en nuestras vidas. No podemos obviar que este hecho fundamental nos obliga a prestar más atención a quién necesita una respuesta que no está buscando.

Las personas en buen estado que se medican inútilmente acaban enfermando, las que no reciben su tratamiento cuando lo necesitan también.

La parábola del hijo pródigo es conocida por el retorno de este retoño, mas obviamos una parte de igual importancia que es la reacción del hijo mayor. Su sensación de sentirse menospreciado a pesar de sus méritos.

Si bien hay algunos hijos pródigos que sus sufrimientos provocan creo que hay muchos más hijos mayores que se han sentido desfavorecidos cuando la realidad es que deberían estar, agradecidos por todo aquello que ya disfrutan y gozosos, como el padre, de ver su hermano volver a buen recaudo.

¿Cuántos de nosotros no hemos actuado como hermanos mayores?

¿Cuántas de nuestras congregaciones no actúan como hermanos mayores?

La vanidad del ser humano es una serpiente sigilosa que se introduce sin aviso previo en el seno de nuestro ser, de nuestra congregación. Cuando nos sentimos a salvo rehusamos el riesgo de los necesitados por miedo a la contaminación. Es una ofensa a Jesús y a sus enseñanzas. Es una desconfianza en el poder divino. Deberíamos prestar atención a aquellos que realmente necesitan una ayuda que nosotros ya recibimos en su momento. Rechazar a una persona en una congregación porque ha pecado es negar a Jesús y lo que es peor no saber ver nuestra propia viga y nuestro cometido en este mundo. La firmeza no excluye la compasión y el amor ágape. Donde mejor que entre hermanos de buen testimonio puede un pecador empezar su camino de contrición.

29 Leví le hizo un gran banquete en su casa; y había mucha compañía de publicanos y de otros que estaban a la mesa con ellos. 30 Los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo:
—¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores?
31 Respondiendo Jesús, les dijo:
—Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. 32 No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. (Lucas 5:29-32)

28 Entonces se enojó y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrara. 29 Pero él, respondiendo, dijo al padre: “Tantos años hace que te sirvo, no habiéndote desobedecido jamás, y nunca me has dado ni un cabrito para gozarme con mis amigos. 30 Pero cuando vino este hijo tuyo, que ha consumido tus bienes con rameras, has hecho matar para él el becerro gordo.” 31 Él entonces le dijo: “Hijo, tú siempre estás conmigo y todas mis cosas son tuyas. 32 Pero era necesario hacer fiesta y regocijarnos, porque este tu hermano estaba muerto y ha revivido; se había perdido y ha sido hallado.”» (Lucas 15:28-32)

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