Racismo

El racismo es egolatría hacia sí mismo predicada a los demás.
Los privilegios exclusivos son el punto de partida del racismo, la discriminación su caldo de cultivo y la condena en desgracia su resultante.
El racismo se alimenta de odio, pitanza indigesta y letal en cuerpos a dieta de humildad.
Nadie es superior a nadie porque todos somos iguales a todos, en nuestros errores, en nuestros aciertos, en nuestras vidas y quién pretende lo contrario es más de lo mismo, más del montón por mucho que lo niegue.
El racismo no se odia, se combate, con las únicas armas mortíferas de las que dispone el ser humano: el amor, la humildad y la obediencia a Dios.
No seamos indiferentes al racismo porque se alimenta de la indolencia y permisividad de nuestra actitudes. Solo con amor y tolerancia podemos contrarrestar su veneno.
El racismo pretende salvar la raza pero no se conoce a ninguna raza que se haya salvado por medio del racismo. Por algo será. “No tengas envidia de los hombres malos, Ni desees estar con ellos; 2 Porque su corazón piensa en robar, E iniquidad hablan sus labios.”
Proverbios 24:1-2

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