Vejez

Día a día, gota a gota, la sangre que en nosotros fluye acusa el paso del tiempo. Cargada del peso de sus tormentos y alegrías su fatiga arrastra nuestra alma en el camino final de este mundo.
Los años vividos apaciguan el ímpetu de la juventud, templando el camino que nos queda por hacer.
La vejez es una vuelta a los orígenes, tras una vida intentando ser dioses nos rendimos a cruda realidad y volvemos a recuperar la inocencia de nuestra infancia.
Aceptar su vejez es caminar seguro, querer mantener la eterna juventud en este mundo solo se pacta con el diablo.
En juventud actuamos y luego, a veces, pensamos. En madurez pensamos y luego, a veces, actuamos.
Que dulces son los momentos en los que tu edad te hace gozar del placer de la contemplación. Gocemos de ellos esperando la venida de nuestro Señor.

“Que los viejos sean templados, graves, prudentes, sanos en la fe, en el amor, en la paciencia.”
Tito 2:2

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