Desesperación

¿Qué hace que perdamos la esperanza, que toda paciencia nos abandone y que una obsesión devoradora nos carcoma? La desesperación. sabemos que no hay cosa de este mundo que sea de provecho para nuestra vida nueva nos sentimos bienaventurados de poder abandonarlo con la mochila vacía. La desesperación nos hace creer que no tenemos nada que perder cuando en realidad todavía nos queda lo más preciado, el alma. Si fuéramos conscientes de este realidad siempre brillaría una luz en el fondo de nuestro corazón, una luz que no permite tinieblas, que no admite desánimo, que coge fuerza cuando perdemos las nuestras, que deshace las sombras de nuestros malos pensamientos y borra las huellas de nuestros desalientos. Esa luz es promesa cumplida para aquellos que la albergan, baluarte invencible para los humildes de corazón y compañero de todos nuestros pasos, es Jesús. No esperemos aquello que queremos mas sí aquello que nos conviene porque todo lo que pidamos con ambición nos será devuelto en desesperación mas aquello que esperemos con mansedumbre Cuando creemos que no nos queda nada solo albergamos desesperación como compañera de nuestras angustias pero cuando nos será ofrecido, con amor, para nuestra edificación. Cuánto cuesta entender esta verdad, tanto como obviarla. Es parte fundamental de nuestro camino hacia la santificación, apartándonos de este mundo y buscando la purificación.
  “1Pacientemente esperé a Jehová, Y se inclinó a mí, y oyó mi clamor.
2 Y me
hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies
sobre peña, y enderezó mis pasos.
3 Puso luego en mi boca cántico nuevo,
alabanza a nuestro Dios. Verán esto muchos, y temerán, Y confiarán en
Jehová.
4 Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza, Y no
mira a los soberbios, ni a los que se desvían tras la mentira.”          
Salmo 40:1-4
 

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